Alfredo Malo Zarco, parrillano ilustre

Óscar Martínez Pérez
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Alfredo Malo Zarco, parrillano ilustre

Alfredo Malo Zarco fue un gran profesor y una gran persona, en palabras de todos los que estudiaron y convivieron con él a lo largo de sus vidas. En ellos dejó profundo recuerdo «como un hombre bueno, derramando generosidad, de afable modestia, dedicado en cuerpo y alma al servicio de la enseñanza».

Don Alfredo fue hijo de parrillanos, siendo él también nacido y acristianado en San Lorenzo de la Parrilla (1897), donde con apenas nueve años de edad quedaría huérfano, siendo atendido por su hermana mayor que estudiaba magisterio como había hecho su madre. La muerte de los padres lo llevó a iniciar sus estudios de bachillerato en la capital conquense, donde tal y como dejó reflejado El Progreso Conquense, fue premiado con el 'Lucas Aguirre', además de adquirir la influencia y el conocimiento de la corriente Krausista, que con los años tanto influiría en su docencia y en su obra intelectual.

Alumno de Unamuno y cuñado de Bartolomé Aragón. Gracias a su esfuerzo obtuvo, a través de una oposición, una beca de la Universidad de Salamanca donde estudiará Filosofía y Letras, con altísimas calificaciones, licenciándose en 1920. Es en la añosa universidad charra donde conocerá y será alumno de Miguel de Unamuno, al que nuestro parrillano sentía como «maestro al que venero».

Casualmente, Alfredo Malo Zarco se convirtió en cuñado de Bartolomé Aragón al casarse con su hermana Aquilina Aragón, con la que tuvo cuatro hijos. Fue su familiar político la última persona que visitó a Miguel de Unamuno en su casa de Salamanca poco tiempo antes de fallecer. La historia de la muerte del gran intelectual español ha sido 'revisada' en los últimos años y se ha especulado con la posibilidad de que el cuñado de don Alfredo fuese el autor de un envenenamiento u otra forma de causar la muerte de Unamuno. 

Bartolomé Aragón, de origen onubense, había sido requeté y falangista, además de profesor de Derecho Mercantil en Salamanca. Conoció a Malo Zarco en los años que el parrillano ejerció la docencia en Huelva, sin tener nada que ver ideológicamente ni intelectualmente con Aragón…

Ejerció la docencia en su cátedra de Huelva, donde dejó una singular y profunda huella al aplicar una serie de novedades como profesor, como una revista mensual, una biblioteca circulante, un festival de teatro y un campo de tenis para profesores y alumnos. De Huelva marchará en 1932 al Instituto-Escuela de Sevilla, donde una vez más su bonhomía y su calidad docente e intelectual dejará un rastro auténtico. Un compañero de docencia hablaba sobre él: «Debajo de una apariencia modesta y sencilla, tenía, en Lenguaje y Literatura, una formación fenomenal. En cuanto a su conocimiento de otras lenguas, era sabio: hablaba inglés, francés e italiano; tenía amplios conocimientos de latín, griego y hebreo, así como fundamentos de sánscrito, y estudió, además, ruso».

En los tiempos de Salamanca, Malo Zarco se acercó a muchas disciplinas académicas, como la Historia y los idiomas, en donde destacó de forma muy brillante. Con el tiempo se hizo lector de español en la Universidad de Liverpool (1928-1930) y profesor de los Cursos de Verano de esta Universidad inglesa (1929-1932), de la de Santander (1929-1932), San Sebastián (1933-1935) y de la de Valladolid (1951-1953). Además de, en varias ocasiones, dedicarse a las enseñanzas de inglés, italiano y griego.

La contienda civil le hace abandonar Sevilla al ser suprimido el Instituto-Escuela, retornando a Cuenca donde encontró hueco como profesor agregado de Lengua y Literatura y más tarde profesor de inglés. Estando en Cuenca, fue una de la personas, como ha publicado Carlos Algora Alba, que «contribuye eficazmente para salvar el tesoro religioso y artístico de la catedral de Cuenca», pensando con total sinceridad que siempre había actuado con conciencia y honorabilidad en sus acciones, humanas e intelectuales. Por ello decide volver a tierras onubenses en 1939.

En Huelva, zona nacional, es acusado de tener ideas socialistas-marxistas, defendiéndose de las acusaciones él mismo, alegando que preguntasen a sus alumnos si en algún momento había «mezclado, ni directa ni veladamente, la política. En cambio creo haber colaborado en más tareas docentes de las que se me exigían. He creído obrar siempre en conciencia y ganarme algún respeto».

Aunque Malo Zarco no fue nunca socialista ni marxista (tuvo una breve militancia en la derecha liberal republicana) fue apartado de la docencia durante varios meses, además de perder la condición de catedrático. Marchó a Osuna donde pudo volver a ejercer la docencia además de la agricultura, cultivando moreras para la cría del gusano de seda. A mediados de los años cincuenta del siglo pasado volverá a Sevilla, donde retomará sus clases en el instituto de San Isidro, en donde creará la posibilidad de dar clases nocturnas para los alumnos trabajadores.

Profesor de Felipe González. En el instituto sevillano será profesor del que luego sería el primer presidente socialista de la España democráticamente restaurada, Felipe González. En la edición sevillana del diario ABC se publicó un artículo en el que se hacía referencia a la relación del joven entonces Felipe González y su profesor nuestro paisano manchego, recordando que el quinceañero alumno de don Alfredo rompió y quebró el cristal de la ventana para llegar a tiempo a una cita sentimental, cosa que provocó lógicamente su expulsión de forma temporal. Felipe González recordará con el tiempo a su profesor como un hombre lleno de bondad y dotes de gran profesor.

Alfredo Malo Zarco, además de su faceta como docente, tuvo una producción literaria de calidad, siendo reconocida por sus coetáneos, entre ellas podemos destacar: Lecturas: Anécdotas, poesías y cuentos clásicos españoles Madrid, Imp. J. Murillo, 1932; La gitanilla y La española de Miguel de Cervantes, edición, estudio y notas de Alfredo Malo Zarco, Madrid, Ebro, 1943; Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, selección, estudio y notas por Alfredo Malo Zarco, 2 vol., Zaragoza, Ebro, 1945; y Obras de Santa Teresa de Jesús, prólogo de Alfredo Malo Zarco, Valladolid, Miñón, 1955.