Si hay una ópera que engancha a los espectadores desde su estreno en 1851 es Rigoletto, una de las obras más populares de Giuseppe Verdi. Es un drama muy triste, de gran belleza musical y vocal, que ofrece algunos de los fragmentos más conocidos de la historia de la ópera. Esta ópera universal, en la que un bufón deforme se convierte en protagonista, llega este jueves al Teatro Auditorio de Cuenca (20,30 horas) bajo la dirección artística de Leonor Gago y la colaboración con la Ópera Nacional de Moldavia.
Se trata de una adaptación «tal cual a la historia que vio y pensó en su día Giuseppe Verdi», explica Leonor Gago a La Tribuna, de manera que mantiene la esencia pura del compositor y del libreto en italiano de Francesco Maria Piave. La puesta en escena, los trajes de época y decorados se mantienen fiel al guion en esta ópera de tres actos, con traducción simultánea al castellano del libreto.
Esa fidelidad a la obra, tal y como planteó Verdi, es una de las grandes señas de identidad que destaca Leonor Gago en sus producciones. «A mí, personalmente, no me gusta cambiar lo que otros muy grandes hicieron», explica a La Tribuna. En este caso, indica que, a día de hoy, la dirección de escena en una ópera es lo más innovador de todo, «porque la música no la puedes cambiar y las arias tampoco». Sin embargo, insiste en que «somos fieles porque también estamos ante un público al que gusta las versiones clásicas» de grandes compositores como Verdi, Puccini o Donizetti.
Además, considera que al público le gusta la ópera, sobre todo la música y, muy en especial, las interpretaciones vocales, «que son de una gran dificultad». En este sentido, resalta que «España es un país de cantantes, está lleno de cantantes de ópera en el mundo, pero no solamente cantamos ópera, sino muchas otras artes, y no tenemos nada que envidiar a ningún país». Precisamente, si hay un elemento diferenciador son los cantantes, «que en cada ópera, en cada producción, son diferentes».
Gago subraya que la importancia de los cantantes en las óperas es vital porque «lo primero que el público percibe, y con lo que se queda hasta el final, es la voz, las voces de los cantantes y la manera de cómo lo cantan». Además, Una de las grandes virtudes de Rigoletto es su gran capacidad para atraer público a la ópera. «La música de Rigoletto, y de Verdi en general, es tan fácil y tan bella, que te engancha desde el primer momento, y aunque vayas por primera vez a ver Rigoletto, por ejemplo, hay momentos que ya conoces».
Solistas. En Rigoletto, hay doce solistas. Cinco son los principales y de ellos, tres son los que llevan el peso de la ópera. Se trata del tenor, que es el Duque de Mantua; el barítono, que es Rigoletto, el principal personaje; y Gilda, la hija de del Rigoletto, que es la soprano. Además, hay un coro que interviene siempre en dos de los actos y un fragmento coral, «que es uno de los momentos de coros estelares de toda la historia de la ópera» En total, se subirán al escenario del Teatro Auditorio unas setenta personas.
Gago estuvo en Cuenca con varias óperas y subraya, entre otras cosas, las buenas condiciones que ofrece el Teatro Auditorio. «Ir a Cuenca es maravilloso porque estás en una ciudad mágica con un público que disfruta, al que le gusta la ópera y responde».