Hay personas que tienen una doble vida y que lo reconocen sin tapujos. Una de ellas es la actriz conquense Beatriz Grimaldos (Madrid, 1983), que pasó de una vida a otra con naturalidad y como si estuviera escrito en su destino. Sintió el gusanillo de la interpretación cuando era una niña que estudiaba EGB en el colegio Santa Teresa, pero tuvo que aparcar durante unas décadas su verdadera vocación. Estudió Ciencias Ambientales, hizo un máster de Estudios Latinoamericanos y empezó a trabajar en la Universidad. Sin embargo, antes de cumplir los 30 años dio un vuelco total a su vida para hacer realidad el sueño de ser actriz. Hasta ahora había hecho teatro y acaba de finalizar la gira con La Celestina , pero a los 41 años debutó en el cine con la película Verano en diciembre, donde interpreta a Alicia.
¿Hay un antes y un después en tu carrera con Verano en diciembre?
Un antes y después, no lo sé. Eso se verá ahora, más adelante. Lo que sí que ha habido claramente es una oportunidad de poder acceder al mundo del cine. Yo nunca había hecho nada a nivel audiovisual. Había hecho algún personaje muy pequeñito de unas frases en otra peli, algo muy chiquito en una serie. Pero vamos, es como mi primer gran papel protagonista en el universo audiovisual. Me enfrento a una película con tres pedazo de actrices protagonizándola junto a ellas. Ha sido como una gran oportunidad. Luego ya veremos si esto repercute en mi carrera como algo iniciático o se queda ahí. Esto es tan aleatorio.
¿Has notado ya la repercusión de este papel en cuanto a la atención mediática o en las ofertas laborales?
En ofertas laborales, todavía no. Esto, además, también va lento. Pero sí que tienes mucha más repercusión. Hemos llegado a más gente. Es una ventana que da más acceso al público que lo que puede ser el teatro. Por ahí sí. En la rueda de prensa de la presentación en Cuenca había unos chavales que estudiaban en la Esad de Cuenca que me decían : 'Has dado el gran salto'. No. Esto es una carrera de fondo. Esto no significa que a partir de ahora vaya a currar un montón más. Simplemente, significa lo que significa, que he tenido la oportunidad de hacer una película maravillosa con unas actrices de órdago. Además, con una directora en la que yo confiaba a nivel creativo y a nivel humano al cien por cien y que me dio la oportunidad de poder estar ahí. Esto es lo único que es. Todo lo demás es humo. Obviamente, tienes más posibilidades de que te llamen a nivel laboral porque tienes más visibilidad habiendo protagonizado una película, pero nada es garantía de nada en esta profesión
Se ve que eres una actriz que tiene los pies en el suelo…
Sí, porque ya son muchos años de profesión. Yo ya no tengo 20 años. Todo el mundo me decía que no iban a parar de llamarme, pero es que esto no funciona así. Sin querer menospreciar ni infravalorar el estar en esa película, tampoco se puede endiosar. Simplemente, he hecho una película maravillosa. La experiencia ha sido bellísima, de un aprendizaje brutal, y ojalá que pueda desembocar en nuevas oportunidades laborales.
¿Hay mucho de ti en el personaje de Alicia? He leído que sois unas supervivientes del arte...
Sí, tiene que ver mucho conmigo. De hecho, estoy un poco ahí porque con mi perfil le encajaba a la perfección a la directora. Siempre se imaginó a Alicia, que es mi personaje, encarnada por mí. Es algo que ella me veía. Nos parecemos en el sentido de que Alicia es una artista también, la única artista de la familia más cercana, y en mi caso, también. En ese sentido, nos parecemos, en apostar por una pasión cuando tampoco tienes ese contexto familiar que a lo mejor te pueda abrir más puertas. Compartimos muchas cosas. Las dos somos mujeres de carácter, somos mujeres pasionales. Luego tenemos muchas cosas que en las que no nos parecemos, naturalmente, pero Alicia tiene mucho de mí y yo he puesto mucho de mí en Alicia.
¿Cómo ha sido esa experiencia junto a Carmen Machi, Bárbara Lennie y Victoria Luengo?
Ha sido un regalo. Yo iba asustadísima porque al ser el primer trabajo que hago en cine y al lado de estas tres grandes diosas de la interpretación estaba realmente asustada. Luego me encontré con tres mujeres, que aparte de ser grandes actrices, eran grandes personas. Y fue muy fácil. Trabajar con ellas fue una delicia. Me ayudaron un montón. Sabían que era lo primero que hacía y estuvieron sosteniéndome. Y la verdad es que he aprendido infinito de ellas. Ha sido un verdadero placer. Creo que también que Carolina [África] estuviera detrás de la cámara me ayudó. A Carolina la conozco de antes, ya había trabajado con ella en teatro. Todo ello propició un ambiente bastante cálido, amable y familiar. Eso hizo también que me pudiera sentir libre y experimentar en un lenguaje en el que yo todavía no había jugado antes.
¿Qué supuso personalmente presentar la película en Cuenca?
Fue divino, una experiencia súper bonita. Cuando tuve que presentar la película, antes de nada, aunque luego el coloquio fue más extenso, no podía ni hablar de lo emocionada que estaba porque vino un montón de gente que no veía desde hacía siglos. Hay otra gente que tengo más presente, pero que también hacía mucho tiempo que no veía. Había profesores del instituto, del colegio. Vino una profesora, Mari Carmen, que es del colegio Santa Teresa, que es la primera que me introdujo en el mundo del teatro porque es con la primera con la que yo hice una obra de teatro en segundo de EGB. Gracias a ella empecé a sentir que en el escenario es donde más respiro. Esa experiencia me pareció espectacular. Ahí fue cuando se me encendió la lucecita, con ocho años, de que quería hacer algo en el mundo del teatro. Fue gracias a Mari Carmen Herraiz, a mi profesora del Santa Teresa. Bueno, me emocionó mucho ver a gente muy querida, amigos de mis padres, familia que vino de otros pueblos. Fue algo súper especial. Me sentí muy arropada. Además, era un contexto un poco difícil porque era justo cuando la DANA. Fueron sentimientos muy encontrados. Por un lado, estábamos estrenando una película y, por otro, sin tener muchas ganas de celebrar nada. La presentación en Cuenca para mí fue de las experiencias más bonitas que he vivido en toda la promoción de la película
¿Cuenca sigue ocupando una parte muy importante de tu corazón?
Claro, es mi tierra, es mi raíz. Mi familia vive allí. Yo no soy conquense, nací en Madrid pero me fui a los tres meses a Cuenca. Me he criado en Cuenca y para mí en Cuenca están mis raíces, es mi tierra. El paisaje conquense es con el que yo he crecido y que cada vez que vuelvo, me da una bocanada de aire fresco. Cuenca siempre será así. Siempre será mi lugar al que volver.
Has estudiado Ciencias Ambientales y has vivido en varios países de América Latina. ¿Qué te llevó a dar el giro hacia la interpretación?
La interpretación siempre la he tenido presente, lo que pasa es que mis padres eran un poco de la mentalidad de primero tener una carrera bajo el brazo y luego ya haces arte dramático. Recuerdo cuando les dije que quería ir a la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y la verdad es que no me ha disgustado nada ese camino porque yo también era muy buena estudiante. A mí siempre me ha gustado mucho estudiar. Hacer Ciencias Ambientales me ha gustado mucho porque al final siempre está bien hacer una carrera universitaria, que si no te da mucho conocimiento lo que te puede dar es mucho pensamiento crítico. Luego hice un máster también de estudios latinoamericanos. Estuve viviendo fuera, pero bueno, siempre he ido alternando. Yo siempre he estado en grupos de teatro amateur, en el grupo de teatro del Colegio Mayor en el que estaba de la Universidad. Hasta que ya con 27 años me decidí a estudiar teatro un poco de manera más oficial. Me apunté a una escuela y a partir de ahí ya empezó mi camino. Más en serio, a los 30 y pico decido dedicarme al cien por cien a esto, porque hasta entonces estuve trabajando en la Universidad, en un instituto de investigación. Es a los 33 cuando ya finalmente decido dedicarme a este mundo incierto que te da muchas alegrías, pero también muchos sinsabores y muchas, muchas incertidumbres.
¿Entrar en el mundo del cine con 41 años te lo esperabas?
Para mí ha sido un verdadero lujo y un privilegio poder entrar con 41 años, porque también cuando te mueves en el universo teatral es difícil acceder al universo audiovisual. Y creo que al revés también hay una barrera, que creo que deberíamos empezar ya a desdibujar. Me refiero a que seas actriz de teatro o de cine. Mira, soy actriz y puedo hacer el mismo trabajo en cine, en tele o en teatro. Pero es difícil acceder. También esto, de alguna manera, te abre una puerta. Entrar con 41 años… porque ya sabes que a partir de los 40 y pico hay menos personajes femeninos. Afortunadamente, esto está cambiando un poco, pero sí, claro, la mayoría de las protagonistas son más jovencitas, muchachas más jóvenes.
¿Qué te ha sorprendido más, porque el lenguaje teatral y del cine es distinto?
En el fondo todo es bastante parecido. Creía que me iba a costar más adaptarme, pero en realidad el teatro y el cine beben de lo mismo. Es cuestión como de adaptar un poco el lenguaje. Lo que sí que es cierto es que es una manera de trabajar totalmente diferente. En teatro ensayas 45 días para hacer una función, digamos en un plano secuencia, por utilizar la terminología. En el cine es al revés. Se ensaya muy poquito y luego lo das todo varias veces, porque una misma secuencia se repite 28.000 veces. Eso es lo diferente que tiene el teatro del cine, pero luego hay muchas similitudes a nivel interpretativo.
Estás rodando una serie para Netflix. ¿Qué puedes adelantar de Olimpo?
Ya he terminado la primera temporada. Creo que se va a estrenar por abril. Y nada. Estamos a la espera, a ver si se renueva y hay una segunda temporada.
¿De qué trata?
Esta serie va a ser bastante interesante. Habla de un centro de alto rendimiento, de unos deportistas, y hay diferentes atletas, chavales, todos muy jóvenes, que lo que quieren es llegar a las Olimpiadas. Mi papel es el de una doctora. Aunque aparentemente soy una doctora estoy metida ahí en una trama bastante gorda que hasta que no se vea la serie no podemos desvelar.
¿Tu vida es de cine?
Lo que sí que tengo es una doble vida. Mi padre siempre dice que tiene doble vida porque fue cura antes de ser padre de familia y profesor. Pues yo también. Siempre digo que tengo una doble vida porque es como que he tenido primero una vida previa, con una carrera y trabajando en la Universidad, y ahora dedicada al mundo de las artes escénicas. Entonces, sí se puede decir que he tenido una doble vida.
Una última cosa que tengo que preguntar y qué es inevitable. Es sobre tu parecido físico con la actriz Silvia Marsó. Me imagino que te lo han comentado muchas veces…
[Risas] Sí. Fíjate que a una misma le cuesta verse en ese parecido. Y sí. Me veo muy parecida a Silvia Marsó. Es que nos parecemos mucho. Además, me ha encantado conocerla. La conocía de antes de hacer la película. Ahora, grabando Verano en diciembre, porque también sale, la he conocido un poquito más y me ha encantado. Me parece una persona maravillosa. Aparte, es una actriz espléndida. Así que me encanta. Me encanta que me confundan con ella y que me comparen con ella.