Hilos de devoción

Álvaro Fernández
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Durante toda su vida, Mari Carmen Sánchez ha transformado su amor por Tarancón en una entrega constante a sus tradiciones religiosas

Mari Carmen Sánchez ha dedicado su vida a preparar toda clase de trajes tradicionales de Tarancón y sus festividades. - Foto: A.F.

Vivir por y para un pueblo no es simplemente un acto de residencia. Es un compromiso que nace del alma, que arraiga en las tradiciones y crece con el paso de los años. Es encontrar en cada rincón del pueblo un pedazo de ti mismo, y en cada costumbre, una forma de eternizar la memoria colectiva. En Tarancón, un pequeño pero querido lugar de la Mancha, hay personas que encarnan esta entrega como una verdadera forma de vida. Mari Carmen Sánchez Olmedilla es una de ellas. A sus 80 años, su vida está profundamente marcada por el amor a su tierra, a sus costumbres y a las manos que han tejido la historia de Tarancón, gracias a una profunda pasión por la costura. 

«Soy taranconera de pura fe», dice Mari Carmen, con la misma sencillez con la que ha vivido cada día de su vida. Hija de labradores, la conexión con su pueblo es una herencia que lleva en la sangre. Criada en una familia humilde, su infancia estuvo marcada por el trabajo y la entrega, tanto en el campo como en casa. «Desde pequeña ayudaba a mis padres, no había un día que no fuera de trabajo», recuerda, con una sonrisa nostálgica. Aquel vínculo con la tierra, con los valores del esfuerzo y la solidaridad, ha sido la base sobre la que ha construido su vida, junto con su devoción religiosa que le ha dado fuerza en los momentos difíciles.

Uno de sus trabajos es constatar que la Soledad esté en perfecto estado. Uno de sus trabajos es constatar que la Soledad esté en perfecto estado. - Foto: M.C.S.

Mari Carmen se siente profundamente unida a su pueblo, al que no ha podido dejar a pesar de las vueltas de la vida. Después de casarse, su marido, Pedro Sánchez, fue trasladado a La Roda, un lugar  que le costó aceptar. «Me costó mucho irme, porque Tarancón es mi vida, mi familia está aquí», cuenta, y se le nota en la voz que ese amor por su tierra nunca se apagó, ni siquiera en la distancia. El destino le jugó una mala pasada cuando perdió a su hija a la edad de siete años, un golpe devastador que, a pesar de su dolor, la hizo encontrar consuelo en su fe. «Mi hija siempre dijo que quería ser un ángel», asegura con una mirada luminosa. Ese pensamiento, esa pequeña creencia, le permitió sobreponerse al duelo. Y, por encima de todo, la hizo regresar a su querido Tarancón, donde volvió a retomar sus labores de costura, su verdadera pasión.

Con las manos siempre ocupadas, Sánchez ha sido una maestra de la costura. Ha bordado mantillas, montado trajes de taranconera, y ha dedicado horas incansables a crear los más bellos belenes, una tradición que lleva en su corazón desde niña. «Mi primer belén lo hice con tres huevos», subraya, como quien recuerda un sueño antiguo. 

A lo largo de los años, ha sido una pieza esencial de la Semana Santa taranconera, haciendo miles trajes para todas las hermandades, y un alma que ha contribuido a preservar la cultura local. Aunque sus manos ya no son tan ágiles como antes debido a la fibromialgia, su dedicación sigue siendo incansable. «La costura me da vida, me ayuda a evadirme, a concentrarme», confiesa, mientras se le ilumina el rostro. Y es que, para Mari Carmen, coser es más que una actividad, es una forma de vida, un refugio espiritual que la mantiene conectada con su pueblo, con sus recuerdos y con su infinita fe.

La devoción por la Virgen de Riánsares, patrona de Tarancón, está también presente en su día a día. «La llevo colgada y va conmigo a todos lados», relata, mostrando un amor profundo por la virgen que no solo se manifiesta en palabras, también en su dedicación como camarera mayor de la Virgen de la Soledad durante los últimos 45 años. En su vida, la religión y la costura han sido las dos grandes pasiones que la han acompañado. Ha sabido combinar la devoción con la artesanía, cuidando de cada detalle, ya sea un manto o un traje, con el mismo cariño con el que se cuidan los recuerdos más valiosos.

Hoy, con la mirada puesta en el legado que deja, Mari Carmen Sánchez se siente orgullosa de haber sido testigo y artífice del auge de la Asociación Belenista de Tarancón, que presidió durante 23 años. «Me hicieron un homenaje en 2023, y me lo entregaron en vida, lo que me emociona mucho», comenta con humildad. Su vida es un ejemplo de entrega, de trabajo incansable, y de amor a un pueblo que, sin duda, no la olvida. Como ella misma manifiesta, «duraré lo que Dios quiera», pero lo que ya ha dejado en Tarancón es eterno, como es esa huella profunda de devoción, pasión y trabajo que siempre será recordada por todos aquellos que han tenido el privilegio de conocerla y compartir con ella un poco de su dedicación al municipio.