El Hospital Recoletas Salud de Cuenca puso recientemente en marcha una Unidad de Geriatría, diseñada para brindar atención integral y personalizada a las personas mayores. Al frente, se encuentra el doctor en Medicina y especialista en Geriatría Rubén Alcantud (Albacete, 1992), quien subraya la importancia de atender las necesidades de las personas mayores en una población tan envejecida como Cuenca. Por este motivo, la unidad también ofrece un programa de diagnóstico precoz de Alzheimer, porque como explica Alcantud, «lo más importante en Geriatría es la prevención, ponernos manos a la obra lo antes posible y no esperar a que la persona mayor se vaya deteriorando».
¿En qué consiste el programa de diagnóstico precoz de Alzheimer que han puesto en marcha?
Es un programa de diagnóstico precoz y rápido de la enfermedad de Alzheimer y de otras demencias. En la enfermedad de Alzheimer es una de las causas posibles de demencia y lo que queremos es hacer un diagnóstico de la mayoría de posibles causas de demencia, entre ellas el Alzheimer, y de la forma más rápida posible y precoz. Este programa consiste en una primera consulta, en la que realizamos una valoración de múltiples dominios a nivel cognitivo, con diferentes test y escalas, para ver a nivel neuropsicológico qué tal está el paciente.
Después de esta consulta, lo que hacemos es un análisis completo en el que podamos descartar causas tratables que no tengan que ver con el Alzheimer o con otras demencias, y una resonancia magnética cerebral en el hospital para ver qué está pasando en ese cerebro y qué cambios estamos encontrando. Muchas veces encontramos atrofia cerebral, que digamos que el cerebro va disminuyendo de tamaño y adelgazando, sobre todo en áreas de la zona temporal de los lóbulos temporales, que son los encargados de la memoria y de los recuerdos. O también lesiones vasculares que se van acumulando y producen lo que conocemos como demencia vascular.
¿Cómo completan el diagnóstico?
Además de estas dos técnicas, la analítica y la resonancia, lo complementamos con la referencia hoy en día en el diagnóstico de Alzheimer, que es el análisis de líquido cefalorraquídeo de biomarcadores de enfermedad de Alzheimer, en el que medimos principalmente dos proteínas, la proteína beta amiloide y la proteína Tau. Analizando estas proteínas vemos cambios patológicos que nos permiten hacer un diagnóstico con seguridad de la enfermedad de Alzheimer o descartarla. Estos biomarcadores en líquido cefalorraquídeo, junto con el resto de técnicas, la prueba de imagen y el análisis o la exploración neuropsicológica, son las herramientas mejor estandarizadas, con mayor evidencia para el diagnóstico de Alzheimer y de otras demencias. Ponemos a disposición del paciente todo para que lo hagamos lo antes posible, y también prácticamente podemos hacerlo todo en el mismo día. Después de hacer estas pruebas, volveríamos a la consulta una semana después para ver los resultados y diseñar un plan de tratamiento de asesoramiento y acompañamiento en todo el proceso.
El diagnóstico precoz en la enfermedad de Alzheimer es fundamental, ¿no?
El diagnóstico precoz es lo que mejor nos va a ayudar a planificar los cuidados a corto, medio y largo plazo porque la demencia o un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer o de otra causa de deterioro cognitivo no es el final. Ahí no se acaba todo. De hecho, ahí es donde empieza el camino durante años, probablemente, y a veces durante 10 y 15 años o más, en el que el paciente y la familia se van a enfrentar a muchísimas situaciones que van a ser un reto. Cuanto antes sepamos cuál es el diagnóstico, cuanto antes pongamos unas medidas y decidamos y escuchemos al paciente qué quiere hacer en los próximos años y cómo quiere que le cuidemos, mejor vamos a llevar esta enfermedad.
¿Por qué se pone en marcha esta unidad de Geriatría en la Clínica Recoletas Salud de Cuenca?
Fue una iniciativa tanto por parte del gerente [Javier Montero] como por mi, porque comencé a pasar consulta fuera de la consulta pública hace un par de años. La gerencia también detectó que en Cuenca la población está envejeciendo. Cuenca es la provincia más envejecida de toda la Comunidad de Castilla-La Mancha y, sin embargo, la oferta asistencial de Geriatría para los mayores de la provincia era escasa. Veíamos que ofrecer este servicio a la población de la ciudad y de la de la provincia iba a ser beneficioso para ellos y también para el crecimiento de Recoletas.
¿Con qué recursos se cuenta?
Partimos de que es un hospital con un largo recorrido y con una infraestructura de personal y tecnológica muy importante. Enfocados en la Geriatría tenemos la posibilidad de pasar una consulta para personas mayores. Las consultas más frecuentes son por fallos de memoria, trastornos del ánimo, que pueden ser trastornos de ansiedad, depresión, caídas y dificultad para movernos, acumulación de medicamentos.... Es frecuente que el paciente vaya dando vueltas de un médico a otro, se vayan sumando medicamentos y al final tengamos una lista de 15 o 20 medicamentos que nadie revisa y que van generando problemas. Es un motivo de consulta muy frecuente. También hay otros motivos, como los cambios de conducta, tanto la agresividad como el insomnio, como la apatía, el perder la iniciativa y perder las ganas de socializar y de hacer cosas que antes hacían. También es muy frecuente carecer de la habilidad o la destreza o la facilidad que teníamos hasta hace un mes o hace uno o dos años para hacer las tareas de la vida diaria que antes éramos eran capaces de hacer.
Y además está la hospitalización…
Sí. Por otro lado, tenemos la hospitalización. Cada vez, la hospitalización es de pacientes más mayores, como en cualquier hospital. Con los pacientes mayores, el hospital también se quiere especializar en darles la mejor atención posible, con lo cual incorpora la Geriatría como especialidad. Por suerte, contamos con un laboratorio y uno general de referencia de toda la infraestructura de Recoletas y técnicas de imagen avanzadas que, sobre todo, utilizamos para hacer estudios de deterioro cognitivo, Alzheimer y otras demencias, osteoporosis o problemas de cualquier tipo de problemas de movilidad. Y en eso es en lo que ahora también estamos centrándonos mucho, en el diagnóstico de demencia de Alzheimer. Además, como tenemos la zona de hospitalización y de quirófano, a este diagnóstico completo de la demencia y de la enfermedad de Alzheimer, llegamos haciendo una evaluación neuropsicológica muy amplia en consulta, además de un análisis completo de sangre o resonancia magnética cerebral. También añadimos la posibilidad de realizar una punción lumbar, porque a día de hoy, la referencia para hacer el diagnóstico de Alzheimer son los biomarcadores en líquido cefalorraquídeo. Es una técnica que todo aquel que quiera saber el diagnóstico con seguridad, pasamos por ahí. Hacemos la punción lumbar y sin la necesidad de hospitalizar. Esa misma mañana va al hospital, se realiza todas las pruebas, se hace la punción lumbar y se va a casa. En un par de semanas tenemos el diagnóstico y volvemos a vernos en consulta. Ponemos el mejor tratamiento posible y asesoramos al paciente y a su familia, porque el camino que viene detrás es muy largo.
¿Imagino que para usted, como profesional de la Geriatría, esta unidad, es un reto?
Pues sí, sobre todo al empezar a caminar a partir de ahora. Primero tenemos que llegar a la gente, que las familias y los pacientes conozcan que tienen a su disposición este servicio y todas las posibilidades que les brindamos porque la Geriatría se caracteriza por ser multidimensional. No solo son problemas mentales o psicoconductuales, sino también de movilidad, caídas, nutricionales, etc. No queremos ponerle solución a un único problema, sino ver al paciente en su globalidad y decidir cuál es la mejor intervención. Al empezar se nos marcan retos que queremos ir afrontando, sobre todo, desde la cercanía con la gente mayor.
¿Qué herramienta de diagnóstico se utiliza en Geriatría?
La Geriatría, como especialidad, gira en torno a la valoración geriátrica integral. Estas tres palabras abarcan una herramienta que utilizamos en consulta, hospitalización y, también, en las residencias. Digamos que es un conjunto de ítems para valorar al paciente, no por su nombre y un número que viene detrás, que es su edad, sino que evaluamos qué tal está a nivel físico y funcional, qué es capaz de hacer en su día a día en su casa, fuera de casa, cómo se mueve, qué necesita para moverse, qué tal está a nivel cognitivo, si hay fallos de memoria, si hay problemas para dormir, si hay problemas de ánimo. Valoramos también si hay caídas o si hay riesgo de caídas y evaluamos por qué está ocurriendo.
También nos encanta valorar la polifarmacia y esa acumulación de medicamentos para empezar a quitar, sobre todo, los que ya no sirven o los que están causando efectos secundarios importantes. A nivel social también es un pilar fundamental. Vemos con quién vive el paciente, cuál es su red de contactos familiares y de amigos, quién lo cuida, el cuidador principal, si cuenta con teleasistencia, si tiene condiciones de vulnerabilidad. A nivel nutricional, vemos la pérdida de peso de patologías como la sarcopenia y la fragilidad, que a veces son desconocidas para la población en general. La pérdida de peso y la desnutrición son factores de riesgo que van a condicionar mucho el pronóstico de nuestro paciente.
¿Cómo se puede contribuir a favorecer el un envejecimiento digno y saludable?
El primer eslabón, que es el principal de todos, pero también a veces el que más cuesta, es el ejercicio. Aunque tengamos 85, 90, 95 años en cuanto empezamos, vemos beneficios la primera semana en la función física, a nivel cognitivo, en el descanso nocturno, a nivel nutricional. Si queremos prevenir un deterioro funcional y cognitivo con 60, 65 o 70 años tenemos que ponernos a hacer ejercicio. No solo un ejercicio aeróbico o de cardio, sino también hay que entrar en el ejercicio de fuerza para que mantengamos y fortalezcamos nuestras piernas y brazos, que van a ser los motores y que los vamos a necesitar toda la vida. Es imprescindible también mantener nuestra salud cognitiva y mental lo mejor posible. El sedentarismo nos sienta muy mal a nivel físico, pero el sedentarismo a nivel cognitivo también es devastador. Sobre todo, esos dos pilares, la estimulación cognitiva y el ejercicio físico. A nivel de medicamentos, muchas veces lo más importante es quitar los que no ya no sirven y no son necesarios. Acumulamos medicación durante años y, a veces, llega un punto que nos perjudica más que beneficiarnos.
¿Es un error generalizado pensar que envejecer implica el desarrollo de demencias?
Es un error porque es verdad que la edad es el factor de riesgo más importante para tener demencia. Todos podemos entender que es más probable que una persona de 85 años tenga demencia que una de 35, pero envejecer y tener más años no implica que todos acabemos en deterioro cognitivo o en una demencia. Cuando empieza a haber fallos en la memoria, de orientación o mi madre ya no es capaz de cocinar igual que antes, o le encantaba coser y ya no cose, o mi padre salía a tomarse un café con sus amigos y ya no va a echar la partida porque ya no sabe jugar o ya no le gusta hablar con sus amigos. Eso no es normal, no podemos decir esto es de la edad. Porque hay personas de la misma edad que se mantienen estupendamente a nivel cognitivo y no todos van a desarrollar demencia. Cuando veamos estos cambios, es cuando tenemos que empezar lo antes posible a estudiarlos.
¿En una provincia envejecida como Cuenca, es más necesario tener en cuenta a las personas mayores y sus necesidades?
Una población envejecida tiene que adaptarse tanto a nivel sanitario como a nivel social y político, porque lo vemos cuando paseamos por la calle. Cada vez hay más personas mayores, más personas caminando con su andador. Pero también vemos cada vez personas más independientes, por suerte. Hace 50 años veíamos que la persona se hacía mayor y luego se quedaba en casa en sus últimos años y acababa falleciendo. Pero ahora, a las personas que ya cumplen 65, 70 años, y se jubilan, les quedan muchísimos años por delante y estas personas pueden tener una vida muy activa tanto a nivel social como físico. Entonces es un reto adaptarnos tanto la población como el sistema sanitario y político a las personas mayores que están envejeciendo en muy buena situación e intentar que los que ahora envejecen deteriorándose, lo frenemos y, sobre todo, que intentemos evitarlo.