Jueves Lardero ha llegado en esta ocasión con el año avanzado. De hecho, se ha celebrado casi veinte días después que en su anterior edición. Entre las consecuencias, unas temperaturas bastante más agradables que en otras ocasiones, rondando los veinte grados en las horas centrales del día.
Las laderas situadas sobre la calle Francisco Suay han sido de nuevo punto de encuentro para cientos de jóvenes, principalmente, que se dieron cita tras la salida de los centros docentes. 'Buen rollo' y diversión fueron los ingredientes que acompañaron a la 'tajá', el huevo y a las bebidas, bien 'cubatas', cerveza o 'zurra', que han arropado a los participantes en esta fiesta. El aire libre es una de las señas de identidad de esta tradición, sobre todo para los más jóvenes.
Variaciones. Sin embargo, cada vez es más frecuente, sobre todo según va avanzando la edad, que se siga celebrando esta fecha pero en casas particulares e incluso restaurantes. Lo que apenas varía es el menú: tortilla que no falte, bocata, chorizo y trozo de lomo. A partir de ahí, las variaciones puede ser numerosas pero los platos estrella no faltan.
Sí parece que con el paso del tiempo se van viendo más vasos y menos comida. Jueves Lardero ha ido adaptándose a los tiempos y en un día como este no han faltado los altavoces y la música para animar la alfombra natural que sirvió de escenario a más de un baile. Las condiciones meteorológicas han acompañado durante la jornada y han sido propicias para la aparición de las 'disco móvil' que otros años con frío, lluvia o incluso nieve hacían muy complicado llevar la banda sonora 'a pie de obra'.
Las hileras de chicos y chicas ascendiendo hacia el punto central de la fiesta se han transformado en el recorrido inverso según avanzaban las horas. No han faltado los que tuvieron que bajar ayudados por la luz de las linternas de sus teléfonos móviles apurando los últimos momentos de la fiesta. El año que viene, más.