La matraca de Casasimarro suena de nuevo

Redacción
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Jóvenes de la parroquia restauran el instrumento de percusión que se utiliza en Semana Santa y que desde los años 50 no se había tocado

La matraca de Casasimarro suena de nuevo - Foto: LT

Todo empezó el pasado verano de 2024 cuando dos jóvenes de la parroquia de Casasimarro, apasionados de las campanas, Pablo Tébar Picazo y Amadeo Hontecillas Suay emprendieron la restauración de la histórica matraca que se conservaba en muy malas condiciones en la torre de la Iglesia parroquial de San Juan Evangelista.

Esta iniciativa estuvo promovida por el párroco, Fernando Fernández Herrada, que les sugirió hacer una escuela-taller de verano para involucrar a la juventud en la vida parroquial y, al mismo tiempo, para aprovechar en algo valioso las largas horas de las vacaciones de verano. Desde el primer momento, se mostraron disponibles y colaboradores, poniendo muchas horas de trabajo en la torre del municipio. Alrededor de un mes y medio duraron los trabajos de restauración. 

En un primer momento, se desmontó y se procedió a la limpieza, sustitución de las piezas rotas y dañadas, lijado, barnizado y garantizar así su conservación futura. Por el momento se toca a cuerda, pero se queda preparada para motorizarla en un futuro. La instalación en la pared corrió a cargo de la empresa Tradición y Campanas, con sede en Albacete. Son muy pocas las que se conservan en uso en la provincia de Cuenca. Por eso, hace que este trabajo de recuperación artesanal adquiera mayor importancia.

La matraca es un instrumento de percusión de madera utilizado en Semana Santa para marcar el ritmo de las procesiones o llamar a los fieles a los oficios divinos. Sobre todo, el Viernes Santo, cuando dejan de sonar las campanas en señal de luto por la muerte de Jesucristo. Su sonido seco, estridente y repetitivo crea un ambiente de seriedad y solemnidad que se fue perdiendo con el paso del tiempo. 
Los más ancianos del lugar, según se ha investigado, confiesan que desde los años 50 no se oye tocar. En la próxima Semana Santa de Casasimarro se volverá a oír este característico sonido, símbolo de las tradiciones perdidas en nuestros pueblos. 

Esta escuela taller, con «dos jóvenes valientes del pueblo», según el párroco, fue un éxito, ya que se ha rescatado un elemento patrimonial y, al mismo tiempo, fomentan el sentido de pertenencia a la comunidad parroquial entre las nuevas generaciones. Es un ejemplo de «cómo la juventud cuando se lo propone deja de ser el futuro para ser el presente transformador de un pueblo mejor».