Reflexiones de lo rural las hay de todo tipo, algunas incluso desde la ciudad, con esa manía paternalista de hacer de fuera hacia adentro, de hacernos, como si no supiéramos, como si ellos supieran. Yo he visto de todo, hasta consultas populares en pueblos para protestar porque suenan las campanas en verano, perversos referéndum de casi empate entre oriundos de fin de semana y fiestas de guardar y paisanos de a diario. Los unos, queriendo descansar en su resquicio de paz dominical cuando huyen de la urbe; los otros, clamando al cielo y plantando cara al dominguero aliándose con la tradición.
Asoma ya el sexto aniversario de lo que llamaron 'Revuelta de la España Vacía', una gran manifestación en Madrid que apuntaba maneras de gran revolución, que levantó por fin y de verdad a los pueblos para hacerse notar, una explosión social que pronto se dio cuenta de lo oportuno de cambiarse el nombre para aludir a la 'España Vaciada' y certificar la diferencia entre vaciarte y que te vacíen. Más de 90 plataformas de toda la España de extrarradio juntaron en Madrid cien mil voces para llenar Colón y reivindicar pueblo y ganas de vivir en el pueblo. Otro movimiento esperanzador que terminó por diluirse. Y si se diluyó fue porque entre medias pasaron cosas. La primera, una pandemia que sirvió para provocar un éxodo urbanita de vuelta a la aldea donde los de ciudad descubrieron la calidad de vida en los pequeños núcleos cuando vienen mal dadas dentro de la M-30.
Lo segundo que ocurrió fueron un puñado de campañas electorales donde al grito que se apagaba le dio aún tiempo para recaudar algún puñado de escaños autonómicos en la otra Castilla y sentar algún culo en el Congreso a cuenta de un movimiento que empezó en el pueblo pero que solo sumaba actas de señoría al mismo ritmo que perdía efectividad. Y una vez que el suflé de marzo de 2019 remata su viaje de vuelta despojado de intrusos, toca mirar a los que de verdad defienden lo rural. Y en estas, he conocido a Bewis de la Rosa. Bewis tiene raíz en Villamayor de Santiago y atalaya en el campo, desde donde atisba un horizonte mucho más profundo de lo que usted se imagina. Bailarina y actriz, lleva meses apuntalando una propuesta musical en primera persona que, con la etiqueta de 'rap rural', representa un grito auténtico en defensa del campo y apela a los valores que nunca han dejado el pueblo: la colectividad y la fraternidad entre vecinos.
«Mucha gente vuelve al pueblo porque es el único sitio donde puede expandirse. No es que el pueblo sea una salida, es que la ciudad es una cárcel». Bewis me regaló esta reflexión desde el hogar que se está construyendo con sus propias manos lejos del ruido de los coches en una de las entrevistas que más satisfacción me han provocado como periodista. Tienen ustedes, si lo desean, la oportunidad de sumar su voz a la causa en el concierto que ofrecerá en la plaza de toros de nuestra ciudad el próximo 23 de mayo. Que bien que os acordáis del pueblo cuando llueve. Si es que os falta campo.