Jesús Fuentes

ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


La torre

21/02/2025

Para el concejal de urbanismo de Toledo plantar una torre de viviendas en medio del barrio de Palomarejos constituiría un  hecho de modernidad. Es como considerar que los coches, colapsando las calles de las ciudades, es un símbolo de progreso. Ambas ideas se inscriben en la misma lógica: la confusión de lo que es moderno. La afirmación del concejal puede ser una manera de provocar puesto que le gusta vacilar a los concejales de su coalición y a los otros o una convicción personal. Lo inquietante sería esto último porque descubriría un concepto de modernidad anticuado, obsoleto, cercano a la autarquía. ¿Alguien puede pensar en serio que una, dos, o tres torres de viviendas puede ser una  expresión de modernidad?  ¿Un atractivo visitable? Una torre en Palomarejos sería una torre por muy escultural que fuera y, desde luego una excentricidad en relación con el resto de los barrios. ¿No sería más moderno, más progresista, más universal construir, rehabilitar, mejorar la calidad de la vivienda, las  infraestructuras urbanas, corregir su trazado actual y hacer del barrio un lugar de encuentro y de socialización?  Sus tiendas de proximidad – véase Bonilla - son auténticos monumentos de unos modos de vida en barrios pensados para  gente corriente.  
Por su ubicación respeto al punto central que es el centro histórico, Palomarejos está situado en un espacio de frontera entre barrios dormitorios y el mismo centro histórico. La volumetría de las  viviendas es la adecuada para conseguir que vivir en un piso no sea entrar en una colmena, una arquitectura  compatible con una vecindad solidaria y participativa.  La demolición futura del antiguo hospital – si es que alguna vez se produce – debería servir para replantear la mejora  de arriba debajo de un terreno que se concibió  como un barrio para obreros y trabajadores, gravitando en torno a un hospital. La desaparición de ese núcleo, posibilita contemplar el barrio como una nueva unidad cercana a la irradiación que la universidad debería proyectar. Lo cual implica pensar en un barrio transformado, ágil, asequible y de un poder adquisitivo medio que facilite la vida como un acto de convivencia ciudadana. Eso sí supondría la conquista de la modernidad frente a las construcciones  de casas individuales, convertidas en castillos de resistencia y de soledad o torres enmarañadas en la que nadie conoce al vecino de al lado.