Son días de Cuaresma, el pueblo creyente comparte más que razones para sentir un dolor que libere al mundo de tanta maldad, buscando en la espiritualidad de un hecho histórico religioso católico los resortes de solidaridad y amor. Por eso, Cuenca y su sociedad religiosa conviven durante estos días, olvidando mentiras y alabando verdades, sobre todo, cuando la sociedad no es capaz de romper esas cadenas de egoísmo, guerra e hipócrita realidad. Cuenca está inmersa en su Semana Santa, sentida, pasional, profunda y serena.
Al lado, hermandades de fuerte peso histórico y tradicional, ejercitan sus derechos de sentimiento cofrade, abriendo las puertas de sus sedes a todos los nazarenos que deseen compartir el sentimiento espiritual de una advocación, de un titular y de un ritual.
En el edificio Iberia, ahora sede de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, lugar histórico que definiera momentos de nuestro pasado como Gran Hotel, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador presentaba –ante numeroso público allí congregado– sus ya habituales, año tras año, Cuadernos de Semana Santa. En esta ocasión de 2025 nos ofrece maravillosas imágenes fotográficas de Enrique Martínez Olivares, incardinando esos excelentes textos como Vestir el Misterio o los trabajos de restauración de esa bellísima imagen de Luis Marco Pérez, que es admirada por el mundo entero, cuando una procesión Camino del Calvario provoca el mayor rasgo de fe y devoción ante el drama de la Pasión de Cristo.
Fue el sábado pasado y Juan Manuel Velasco con su estudio imaginero, el Anuario, las fotografías de Julio Palencia, Luis Moya y Pedro Antonio Muñoz y una esmerada presentación, volvían a dejar sentir entre el espacio nazareno conquense, un tributo que cumple ya 21 ediciones y que da alto significado al sentir de una Cuenca pasional.
¡Enhorabuena a esa Ilustre y Real Hermandad, a la que me siento orgulloso de pertenecer!