El fin de semana deportivo ha dado la cal para la Balompédica y la arena para el Rebi Cuenca, los dos principales clubes deportivos conquenses. Los primeros se exhibieron ante el Getafe B, 3-0, y los segundos perdieron en el último minuto en Huesca, 32-30, con decisiones arbitrales polémicas. Pero hoy quiero destacar a los entrenadores de ambos conjuntos, con ese perfil de trabajador, currante y un modelo ejemplar para la figura del entrenador. Hablo de Lidio Jiménez y Rober Gutiérrez.
Lidio Jiménez nació en Cuenca, bebió el balonmano desde pequeño por culpa de su padre Lidio y su tío Luis, jugadores, también jugó un tiempo, pero con 28 años entendió que su lugar era el puesto de entrenador. Hace 20 años empezó su labor como segundo entrenador en el BM Ciudad Encantada a las órdenes entre otros de Nino Antúnez, Goran Dzokic y, su gran maestro, Zupo Equisoain. Hoy, por cierto, director general del club. A punto de finalizar la temporada 2013/14, el entrenador Zupo se marchó a entrenar a la selección de Catar y dejó a Lidio por primera vez como primer entrenador del equipo en Asobal. Hasta hoy, 11 años después y con 48 años.
No se concibe al Ciudad Encantada, hoy Rebi Cuenca, sin Lidio y viceversa. Cada final de temporada, muchos se siguen preguntando ¿seguirá Lidio? Pues sí, Lidio Jiménez sigue en Cuenca, en el club al que vio nacer y en el que ha hecho de todo. Y resulta ejemplar la conducta de Lidio, su deseo de no dejar el club, porque cada final de temporada repite lo mismo cuando se habla de confeccionar la plantilla para la temporada siguiente. Hasta que no sepamos cuál es el patrocinador y lo que aporta, no podemos pensar en fichajes o renovaciones, insiste una y otra vez. Ahí lo tenemos, asumiendo toda la responsabilidad, haciendo historia en el club con su participación en Europa y sorteando la crisis económica con éxito. Un entrenador conquense haciendo historia en Cuenca.
Rober Gutiérrez (El Ejido, 35 años) cumple como entrenador en la Unión Balompédica Conquense su tercera temporada. Llegó desde el fútbol almeriense siendo un perfecto desconocido para el fútbol castellano-manchego. Hoy no lo es. En su primera temporada en Tercera estuvo a punto de meter al equipo en el play-off de ascenso. En su segunda, la pasada, fue una exhibición en el grupo castellano-manchego, proclamándose campeón y ascendiendo a Segunda RFEF, categoría en la que milita esta temporada. Pero no hablamos sólo del tema deportivo. Hablamos de su forma de ser, de su trato con los demás, en las buenas y malas horas, de su optimismo, de ese aroma de positividad que desprende en sus declaraciones y también de su amor a la ciudad de Cuenca, como bien dejó claro esta pasada semana en el día de la radio en la CMM. Personas así es un lujo tenerlas cerca, por su calidad como entrenadores y como personas.