Fernando J. Cabañas

OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Libro de reclamaciones

10/03/2025

Me siento un privilegiado al tratar regularmente con jóvenes estudiantes de arte dramático, la mayoría de ellos de teatro musical, por la sensibilidad, afecto, educación e ilusiones que suelen poner de manifiesto en todo lo que hacen. Sin embargo, mis relaciones con los jóvenes no se reducen a este colectivo. Además, de vez en cuando y como por otra parte no resulta extraño, es cierto que alguno saca los pies del tiesto. En esos casos, en un primer instante me suelen venir ganas de coger al chaval en cuestión y, como suele decirse, tirarlo por la ventana. Sin embargo, hace ya demasiados años que mi reacción inmediata posterior, y por tanto definitiva, es la propia de quien ve a ese joven, no como a alguien que no ha sabido comportarse ante una situación concreta que demandaba de él educación y responsabilidad sino, tristemente, como una víctima. 

Actualmente puebla nuestra sociedad una gran mayoría de personas, entre las que sin duda incluyo a las de mi generación y por supuesto a todas las posteriores, que ha fracasado en la tarea más relevante a la que han decidido libremente dedicarse: educar a sus hijos. Parece lógico pensar que, si de educar se trata, no sea procedente olvidar que los padres tienen la función principal de dar herramientas a sus hijos para que socialicen adecuadamente y, ante todo, sean felices toda su vida. Sin embargo, lo que percibo desde hace lustros es que el fin principal de la inmensa mayoría de los padres es sobreproteger a sus hijos y hacer que sean felices pero ¡durante su infancia o adolescencia!, haciéndoles creer que son el centro del universo. Lamentablemente, luego muchos son infelices o al menos no tan felices como lo habrían sido si desde el principio se le hubiese enseñado a, por sí mismos, sacarse las castañas del fuego y sentirse uno más y no el sol único del universo en torno al cual giran todos los planetas.

En alguna ocasión, cuando me he encontrado con algún chico con serios problemas para entender que el mundo no gravita en torno a él, y tras intentarlo reiteradamente, le he recomendado muy seriamente que se presente ante sus padres, que les exija el libro de reclamaciones ante la limitada educación que le han dado, y que les pregunte sobre si creen haber cumplido su principal obligación: educarlo adecuadamente. ¡Inimaginable la cara que se les suele quedar tras dicha sugerencia!