Fernando J. Cabañas

OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Malnacidos

14/03/2025

Me llega un mensaje de audio. Cuando identifico de quién es, una sonrisa se apodera de mí. Cuando veo su duración, ciertas dosis de terror me invaden. ¡10 minutos! Al llegar a casa me pongo a ello. 

La voz cálida y amorosa de mi antigua colega –el conservatorio madrileño nos unió primero como compañeros de pupitre y luego como docentes– hace que me sumerja de lleno en un clima de paz interior en muy poco tiempo. Y es que a los 10 segundos de escucha ya me tiene totalmente atrapado. Desde que la conozco, su manera de ver la vida siempre ha sido especialmente positiva. No obstante, en su mensaje, al tratar del asunto del cual desea pedirme consejo alude a algún que otro malvado compañero que tuvimos y que le hizo daño de la manera más mezquina que puede hacerse: sin sacar nada a cambio. En segundos mi recuerdo me lleva a tiempos en los que seres mediocres, amargados, profesionales de nivel infinitamente menor al que ellos mismos y sus madres creían que tenían, optaron por canalizar su saña hacia otros que simplemente no opinábamos igual. Los oías hablar y parecían la voz de la conciencia colectiva más amplia jamás antes conocida; los veías actuar y eran déspotas, intransigentes, crueles, verdaderos malnacidos que centraban su insignificancia en hacer daño a unos pocos y en acojonar a todos aquellos a los que decían (y creían) representar no teniendo aquellos la valentía de ponerse ante ellos, darles su versión callada y plantarles cara como sí hicimos unos pocos. Después de tantos años, mi amiga me confiesa que tuvo problemas de salud muy serios, de los que todavía no se ha recuperado totalmente, a raíz de aquel acoso capitaneado por los autodenominados progresistas y demócratas, siendo realmente eran caciques de las malas formas y amedrentadores. Ya jubilada, ella empieza a vivir ahora maravillosos momentos inmejorables de paz, amor y luz.

Con su voz melosa me dice que, a pesar de todo, y ahora que alguno de ellos ya ha fallecido, no les guarda rencor y desea de corazón que pronto pasen las muy graves consecuencias de sus actos. Finalmente, en la intimidad que ha generado con su mensaje y a pesar del riesgo que hoy implica hacerlo, comparte su deseo de que ojalá Dios les perdone… pues ella, por su parte, ya lo hizo hace años. Cuestión de principios, valores y ética.

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